Todos los ladrillos de mi muro
pronuncian tu nombre,
los mismos ladrillos que desnudos habitan.
Todos mis ladrillos,
condenados a la intemperie,
doblegados y torturados por
todos los pedazos del cielo que los acecha,
estos fragmentos azules
no hacen más que desabrigarme,
Me ves el alma,
y caigo por los terraplenes de tus labios,
y sucumbo al yugo de tus ojos,
y muero por el tacto de tu pelo.
Y eres la única que puede cubrirme.
Supongo que el cielo no es tan benevolente,
si no te tengo a tí.
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