He negado tu compás,
bailando al ritmo,
de un piano destartalado
cuyas notas viajan desde el fondo de la sala.
Te he visto con tus mejores galas,
rasgadas por las zarpas del orgullo,
y me he mirado a mí.
He saboreado las lujurias del pensamiento,
y la pasión, no ayuda en absoluto.
Me he sentido vacio,
y aunque tan futil me halle.
No podré seguir bailando esta melodía,
es una verdad empírica,
los giros se acaban,
las carcajadas se agotan,
las jarras llenas se deshidratan.
Entre tanta felicidad que me rodea,
te recuerdo, inamovible.
Es oscuro el paso del tiempo,
solo dos velos de lino,
nos separan del enigma más placebo.
Que es, no esperar una despedida,
no dudar de tu regreso.
Pero te negué,
y comparto contigo
la opinión de imponerme,
el castigo que merezco.
Que cumpla mi condena,
en el presidio de tu olvido.
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