Las corrientes de mi mar
no murmullan tu silencio,
ni tu olvido callan,
ni tus penas ahogan.
En lo etéreo esta lo efímero.
Encajada tu llama
en mi duodeno,
que sin pausa, transcurre,
como Caronte con su barca,
por el rio del inframundo,
directo al limbo.
Fugaz te escribo,
menos instantáneo que tu huida,
más pausado que tu tintineo constante.
Moradora del pueblo,
que a tus villanos abandonas
y cubres tus pieles de azahar,
oro y talco.
Para caminar calmada,
por el firmamento celeste.
Buscando quien te halle,
para que tus labios
de flor de sauco y enebro.
hagan del alma, carne.
Para huir por impulso,
y que otro te encuentre.
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