Un fuego literalmente alado,
Me ata con su soga de metal,
Hierro fatuo y cristal de punta.
Este ser me lleva a rebufo
Y casi rozo con el pecho,
Sus plumas ígneas
Y su piel de humano.
Con las fuerzas que no gasto
en preguntarme donde estoy,
me aferro a la cadena,
que desgarra mis dedos
y quiebra mis huesos.
Es la absoluta epifanía,
de los textos que construyo.
Fuego sublime,
yo desnudo,
intentando no quemarme
y sin poder evitarlo.
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